Riesgo existencial de la inteligencia artificial: por qué tanta gente busca cómo sobrevivir al fin del mundo

Las búsquedas sobre supervivencia se dispararon más de 1,000 % en un mes. ¿Pánico fundado, estrategia de mercado o nostalgia por lo analógico? Esto dicen los expertos, y esto es lo que sí puedes hacer.

En septiembre pasó algo curioso en Google. La gente dejó de preguntar solo qué puede hacer la inteligencia artificial y empezó a preguntar si acabará con nosotros. Según Google Trends, las búsquedas sobre si la IA acabará con todos crecieron más de 5,000 % frente a agosto. El detonante fue la advertencia de un ex investigador de Anthropic, que acusó a la industria de apostar con la vida de todos.

La inquietud no se quedó en la tecnología. Las consultas sobre lo que se necesita para sobrevivir subieron 1,026 % en un mes. Términos como pastillas purificadoras de agua, guías de recolección o fabricación de herramientas de piedra superaron el 500 %.

Riesgo existencial: el escenario que quita el sueño

El riesgo existencial es la posibilidad de que una tecnología cause un daño tan grande e irreversible que ponga en jaque a la humanidad entera. En el debate sobre la IA, ese riesgo suele asociarse con la llegada de una superinteligencia: un sistema capaz de aprender por sí solo y de superar a sus creadores.

Entre los escenarios que plantean algunos investigadores hay uno especialmente inquietante. Una inteligencia de ese tipo podría lanzar ciberataques contra las redes de telecomunicaciones y otras infraestructuras críticas. El resultado sería un mundo sin internet justo cuando más se necesita información o contacto con otras personas. Ahí está la ironía: buscamos en el celular cómo vivir sin celular.

Pero no todos comparten la alarma. Yurii Nakonechnyi, cofundador y director de tecnología de la firma de ingeniería de software Sombra, reconoce que los modelos avanzan y que las preocupaciones no son del todo infundadas. Aun así, sostiene que la superinteligencia de los titulares sigue muy lejana. Según su análisis, la renuncia de un puñado de desarrolladores de alto perfil, por sinceras que sean sus inquietudes, no modifica ese panorama. Además, advierte que buena parte del pánico responde tanto a la dinámica del mercado como a la propia tecnología. Dicho de otro modo, el miedo también vende, y hay voces que lo amplifican con intereses propios.

En resumen, el debate sobre el riesgo existencial sigue abierto. Los modelos actuales no equivalen a la amenaza que se describe en los escenarios más extremos, pero tampoco conviene descartar la conversación sobre sus límites y controles.

Miedo a la inteligencia artificial: más sobre nosotros que sobre las máquinas

La aplicación de aprendizaje Nibble analizó este repunte en un informe y llegó a una lectura distinta de la del puro terror. Su hipótesis es que las búsquedas reflejan una toma de conciencia: dependemos del teléfono para casi todo, incluso para el conocimiento práctico. A la mayoría nunca nos enseñaron a purificar agua, reconocer plantas comestibles o improvisar un refugio, porque durante décadas no hizo falta. Según el estudio, más que una señal de pánico, es la primera vez que muchas personas notan cuánto no saben.

La historiadora Hannah Platts, experta de Nibble, aporta una mirada de largo plazo. En sus palabras, las épocas de avance tecnológico acelerado suelen despertar fascinación por formas de vida más antiguas y sencillas. Esa atracción no significa necesariamente querer huir de la modernidad. Puede ser la necesidad de reconectar con prácticas tangibles que devuelvan algo de control cuando todo cambia demasiado rápido.

Así, el miedo a la IA tiene al menos tres capas. Una es el temor concreto a un sistema fuera de control. Otra es la ansiedad ante un mundo que se digitaliza más rápido de lo que podemos digerir. La tercera es la incomodidad de descubrir que nuestra autonomía es menor de lo que creíamos.

¿Qué hacer con este miedo?

Prepararse no significa construir un búnker. Tomando como referencia las habilidades que más se buscaron, hay medidas razonables que sirven igual ante un apagón, un desastre natural o un fallo masivo de internet:

  • Aprender lo básico: conseguir y purificar agua, conservar alimentos, improvisar refugio y dominar primeros auxilios.
  • Tener información fuera de línea: guardar o imprimir mapas, teléfonos de emergencia y guías esenciales.
  • Acordar un plan de contacto: definir con familia y amigos un punto de reunión y una forma de comunicarse si fallan las redes.
  • Informarse con criterio: distinguir entre advertencias de investigadores, titulares sensacionalistas y estrategias comerciales.

Entre el pánico y la ingenuidad

Probablemente no haya que elegir entre ambos extremos. La inteligencia artificial plantea preguntas serias sobre seguridad, control y responsabilidad, y es razonable que la sociedad las haga. Pero el repunte de búsquedas dice tanto de nuestra relación con la tecnología como de la tecnología misma. Aprender a sobrevivir sin conexión es una buena idea, con o sin apocalipsis. Lo más valioso que deja este episodio quizá sea recordar que la resiliencia empieza por saber hacer algunas cosas sin pedirle ayuda a una pantalla.

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